
En ese mundo ideal las casitas están rodeadas de verde, y no hay vallas...
El sol brilla, y los chavales pasean, pero sufren y a nadie les importa.
A nadie le importa nadie porque todos son como muy felices.
El mundo real es más solidario, más cruel, más auténtico, más salvaje, más fuerte. Es más fuerte y lleva la fuerza del corazón; ese que odia, ríe y desea, ese que extraña al ser querido y que necesita a los demás.
Tengo miedo de la crisis, de ser muy pobre y tener hambre y no poder comer, no poder pagar la luz y que me la quiten, no tener gas para calentarme, no tener futuro más que un trozo de frío suelo y las limosnas de los pasajeros. Siempre he temido acabar siendo un vagabundo. Vivir en la calle, tener que pedir, depender de los demás.

Tengo miedo, así que apago la tele que me insiste con su crisis, y voy a gastarme los ahorros en un viaje a ninguna parte, que me convertirá en alguien mas pobre pero mientras, no me entero. No quiero tomar las decisiones que me lleven a donde quiero ir, no quiero el dinero, no quiero la sociedad con sus incómodas normas que nunca tienen en cuenta mis sentimientos, que me hacen hacer cosas molestas cuando lo que quiero es simplemente vivir, mirar el cielo, respirar aire fresco y ver un hermoso atardecer, las gaviotas en el mar, las nubes y la tormenta, el sol...
Quiero convertirme en un mirón y observar tranquilamente todo mientras pueda, todo es tan bonito y perfecto, que necesito mirar y mirar, no siento necesidad de intervenir, pues solo contemplarlo estan gratificante... No quiero modificar nada de este precioso mundo. Solo quiero admirarlo.
Escucho un pájaro nocturno cantar y siento el frescor de septiembre, después de una tarde algo extraña, con viento de poniente y luego fuertes lluvias; voces de niños a lo lejos y mucha tranquilidad. Se acaba el ruidoso y asfixiante verano, y estos plácidos días que traen enormes moscas, pero que pintan unos cielos preciosos. Oigo el mar que golpea las piedras de la orilla, y un mosquito tardío zumba junto a la pantalla.

Conducía por un puente bajo la lluvia y he visto un montón de coches de policía, escuchaba las sirenas y veía sus luces azules parpadeando a través de los cristales llenos de gotas que la escobilla aparta frenéticamente, y esperé a ver si aparecía Frances McDormand , un sheriff, no sé, algo...

Solo quiero sentir las cosas, la naturaleza me da fuerzas.
Y no necesito nada más. No te necesito a tí . ¿Porque te empeñas en quejarte porque no te quiero ver? Con tus rollos complicados... sois todos tan complicados que me llenáis la cabeza de deshechos, de una humareda que no es más que polución.
Vuestros sentimientos se me incrustan en la cabeza, los vivo, me afectan, y ocupan un sitio que lo quiero libre, calmo, para que pueda sentir ese viento fresco de la noche y escuchar a los grillos de septiembre.

Epílogo "Es curioso como fuí a sentarme aquí de nuevo, otro septiembre, igual que aquel en que empecé este blog, aquel en que me quedé desparejada. Fue hace justo un año. Y es que me parece que este es mi mes de la soledad que se disfruta, de la soledad necesaria. Después de escribir estas líneas , me he acordado de aquel primer post y he ido a verlo y sí, era septiembre también.